Mi madre trabajaba en una empresa textil en los años cincuenta del siglo XX como urdidora en Terrassa. El trabajo la obligaba a estar todo el día de pie cuidando unos hilos que ordenadamente debían dipositarse cilíndricamente en los plegadores. Su horario era de las 5,45 de la mañana hasta las 6,30 de la tarde. Al mediodía descansaba dos horas que aprovechaba para comer en casa. Cuando por la tarde terminaba en la fábrica se iba a hacer horas extras de 7 a 10 de la noche a otra empresa. Trabajaba el sábado por la mañana como hacían todos pero el sábado por la tarde y los domingos por la mañana volvía a hacer horas extras. El domingo por la tarde mi abuela le recomendaba que era mejor ir al baile que ir al cine. En el baile, las chicas no pagaban y en el cine había que pagar entrada. Mi madre no recuerda aquellos años como una heroicidad, ni con ninguna queja, al contrario, los recuerda como sus años más felices. Algunas noches entresemana todavía se apuntaba a los bailes de los gremios de la ciudad. Este recuerdo aumenta más su sonrisa de felicidad rememorada.
Creo que hay mucha gente que se queja demasiado. Lo importante en la vida es tener proyecto, disfrutar desplegándolo y acompañarlo de un relato potente, un relato que convence a uno mismo cuando ve que convence a los demás. Hay gente que se empeña en tener como todo relato la queja y un victimismo muy pesado. Me refiero, obviamente, a la dimensión profesional de la vida. La gente que empuja grandes proyectos públicos o empresariales no acostumbran a ser pusilánimes, trabajan sin alardear de las horas que dedican, aguantan la presión atareada de ganar y la presión amarga de perder. No piensan sistemáticamente que las cosas que no salen son simplemente culpa de los demás.
Me sorprende lo mucho que me identifico con las páginas que Jack (& Suzy) Welch en Winning (Ed. Vergara, 2005) dedican a las dificultades profesionales. Es un libro muy desigual pero tiene algún capítulo y alguna frase impagables como por ejemplo: “en el mundo hay necios, algunos de ellos acaban siendo jefes”. Me gusta esta actitud que emana Welch de una cierta resilencia ante las dificultades (como tener malos jefes), me gusta esta actitud de no romper la baraja a la primera de cambio pero tampoco aguantar situaciones profesionales que lo único que garantizan es un relato victimista para el resto de los días. Afrontar situaciones duras requiere esfuerzo y un cierto sentido prospectivo de la vida. Si no hay salida, hay que buscar otro camino (organización, empresa, institución) pero nunca hacer de la queja constante nuestro proyecto profesional.
Creo que es bueno militar en la liga de los que se quejan poco y creo que no es bueno militar en las filas de cualquier victimismo persistente.
Pienso que los que se quejan demasiado aportan un valor limitado.
Si no nos salen bien las cosas, hay que volver a intentarlo, aprender y, volver a intentarlo. A veces es duro, pero es el camino para ganar. Y a veces, hay que ganar.
(Post dedicado a mis estimados alumnos de IDEC, en esta semana en que empezamos las sesiones sobre liderazgo).
Creo que hay mucha gente que se queja demasiado. Lo importante en la vida es tener proyecto, disfrutar desplegándolo y acompañarlo de un relato potente, un relato que convence a uno mismo cuando ve que convence a los demás. Hay gente que se empeña en tener como todo relato la queja y un victimismo muy pesado. Me refiero, obviamente, a la dimensión profesional de la vida. La gente que empuja grandes proyectos públicos o empresariales no acostumbran a ser pusilánimes, trabajan sin alardear de las horas que dedican, aguantan la presión atareada de ganar y la presión amarga de perder. No piensan sistemáticamente que las cosas que no salen son simplemente culpa de los demás.
Me sorprende lo mucho que me identifico con las páginas que Jack (& Suzy) Welch en Winning (Ed. Vergara, 2005) dedican a las dificultades profesionales. Es un libro muy desigual pero tiene algún capítulo y alguna frase impagables como por ejemplo: “en el mundo hay necios, algunos de ellos acaban siendo jefes”. Me gusta esta actitud que emana Welch de una cierta resilencia ante las dificultades (como tener malos jefes), me gusta esta actitud de no romper la baraja a la primera de cambio pero tampoco aguantar situaciones profesionales que lo único que garantizan es un relato victimista para el resto de los días. Afrontar situaciones duras requiere esfuerzo y un cierto sentido prospectivo de la vida. Si no hay salida, hay que buscar otro camino (organización, empresa, institución) pero nunca hacer de la queja constante nuestro proyecto profesional.
Creo que es bueno militar en la liga de los que se quejan poco y creo que no es bueno militar en las filas de cualquier victimismo persistente.
Pienso que los que se quejan demasiado aportan un valor limitado.
Si no nos salen bien las cosas, hay que volver a intentarlo, aprender y, volver a intentarlo. A veces es duro, pero es el camino para ganar. Y a veces, hay que ganar.
(Post dedicado a mis estimados alumnos de IDEC, en esta semana en que empezamos las sesiones sobre liderazgo).




7 comentaris:
Dicen que los que pueden hacen, los que no critican. Y entonces la crítica no deja de ser otra forma de quejarse, no para lamentarse sino para dañar a los que hacen.
Gracias :)
Gonzalo
Si no fos perquè s'inscriu en un blog adreçat a emprenedors (o això intenta l'autor) diria que és un post massa cruel per als milions de treballadors que, amb la seva lluita, han fet que avui dia puguem gaudir de llibertats, benestar i justícia.
Potser les meves paraules poden tenir aquesta interpretació però no és en el que pensava, lluitar no és el mateix que queixar-se, lluitar és el que ha canviat les condicions de vida dels treballadors (Xavier Marcet)
Ha dit... la lluita ha sigut, seguix i seguira, en el mateix context però amb una gran diferencia, Estem en una nova era, i les influencies que contribueixen com tu dius a les llibertats, benestar i justícies en el mon laboral, son diferents de les del segle passat però la lluita segueix activa. El que no tindria que canviar es la mentalitat del treballador, com tots sabem nos es el mateix dir "un got d'aigua mitg ple o un got d'aigua mitg buit". En la societat d'avui en dia tenim moltes fons d'informació, i la comparació ens porta a la queixa. Implementar transparència i optimisme en l'entorn laboral ajuda a crear una col·laboració i eficiència social (equips), que avui en dia l'estem perden. Elisabeth M De Morentin
En estos días, en mi nueva actividad como emprendedor hay dos palabras claves, 'positivo' y 'relato'; dos palabras importantes en tu post. Muy ejemplar la historia de tu madre, muchas gracias por ello.
He llegado a esta entrada a través del blog de Miguel de "sueños de la razón" y me ha gustado mucho. Es un gran alegato del "haz antes que otros lo hagan por ti"
Al anónimo de los comentarios anteriores y con todos mis respetos pero creo que confundes "luchar" con "quejarse" - Se puede luchar sin quejarse, y además suele ser más efectivo (es una simple cuestión de concentrar los esfuerzos)
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