21 d’abril 2009

del mimetismo como motor de la gestión


Hoy os propongo reflexionar juntos sobre hasta qué punto el mimetismo es la gran fuerza que mueve el management. No estoy en contra de las tendencias en el ámbito de la gestión, a menudo suponen cambios importantes y positivos en la forma de impulsar proyectos públicos o privados, ni mucho menos soy contrario a la definición de estándares. Simplemente, creo que se ha abusado de un mal entendido benchmarking que consiste en intentar reproducir buenas prácticas en ámbitos que no reúnen ninguna de las condiciones que permitan reproducir las buenas prácticas de otros. El mimetismo entendido como una forma de gestión que asume acríticamente los éxitos de otros e intenta reproducirlos (a menudo con resultados nulos) en sus organizaciones o territorios es una patología extendida. Se da en la gestión pública y en la privada, pero la gestión privada es más sensible a la falta de resultados mientras que la gestión pública no utiliza indicadores de impacto y las ineficiencias se mantienen demasiado tiempo.
Las nuevas tendencias deben hacernos pensar, las buenas prácticas son un espejo para inspirarse más que para adoptar sin más, debemos estar absolutamente abiertos a lo que sucede a nuestro alrededor pero no necesariamente para copiar. Este tipo de gestión que parece hecha a base de check list que no olvidan nada excepto evaluar los resultados no nos lleva a ninguna parte. E insisto, se da también en la gestión privada, pero normalmente, se corrige antes que en la gestión pública. Si lo que viene es tener un parque científico – tecnológico, vamos a poner uno en cada esquina, si lo que viene es talento, vamos a crear un observatorio, si lo que suena es 2.0, vamos abrazar las redes como una nueva religión. En mi opinión, una fuente importante de innovación está en la búsqueda de caminos propios, en intentar crear desde el conocimiento y el diálogo con otras experiencias y propuestas, pero sin renunciar a pensar y a crear nuestra propia senda, edificar nuestra buena práctica. Lógicamente es más fácil adoptar la última moda ni que no encaje a nuestra ciudad o nuestra empresa antes que arriesgarse a pensar caminos propios que no tienen la legitimidad que da el mimetismo.
Quizás este mismo mimetismo que ayuda a difundir conceptos que tienden a posarse en todas las organizaciones y territorios por igual, cada vez con menos diferencia en el tiempo, quizás este mimetismo es el que acaba matando la innovación en el management que reclama Gary Hamel en su último libro The Future of Management.
El mimetismo nos debe servir para inspirar, pero el pensar nos debe servir para diferenciar. Hay demasiado mimetismo y demasiada poca diferenciación en nuestras pautas de gestión.


(la imagen es de Lubin Baugin)