22 de maig 2010

La función pública y el recorte salarial


La función pública necesita profesionales de calidad, necesita talento. ¿si pudiéramos empezar desde cero, a cuántos de los que hoy trabajan en las administraciones públicas volveríamos a contratar? Seguro que no a todos, pero probablemente a la mayoría, más o menos igual que si lo aplicáramos al sector privado. Es cierto que en el sector público hay más parásitos emboscados que no aportan, pero no son la mayoría. No comparto el tópico sobre la ineficiencia de los trabajadores públicos. Mi experiencia es muy distinta. Conozco a grandes profesionales del sector público que tienen una gran vocación de servicio y aportan mucho.

Estos días los trabajadores públicos han entrado en la percepción de crisis por la dura vía del recorte salarial generalizado. Hasta ahora, protegidos por la seguridad que da en entorno público, habían pasado a gestionar presupuestos menores pero sin vivir los traumas de despidos alrededor. La eficiencia del sistema público baja, hay la misma gente para ejecutar presupuestos disminuidos.

Pero más allá del impacto de la rebaja salarial que resulta obvio, para muchos profesionales el atractivo del sector público puede cambiar. Hay una franja de profesionales públicos que podrían aportar mucho en el sector privado pero que prefieren el sector público por que les permite una gestión más creativa, con las pegas de algunas interferencias políticas, pero una gestión que en los años pasados ha sido muy emprendedora porqué los presupuesto crecían sin parar. Otros profesionales de la función pública aprecian mucho que su generación de valor tenga una componente social.

Pero ahora ha llegado la hora de la austeridad. No hacer gastos prescindibles para el valor final y gestionar desde la innovación: con menos dinero hacer más por qué se hace de modo distinto, más eficiente. Ahora que es cuando necesitaremos más talento en el sector público es cuando el sector se puede hacerse menos atractivo o solamente atractivo para aquellos que valoran la seguridad por encima de todo en su vida profesional.

Entiendo que el recorte salarial viene impuesto por la consolidación fiscal que permite mantener el euro y que es una realidad difícil de asumir, pero me gustaría pensar en un futuro de función pública más valiente. Más que pensar en recortar un salario que muchos se ganan con creces, me gustaría pensar en una función pública capaz de deshacerse de aquellos que no aportan nada, que son perfectamente prescindibles para crear valor social. Sería mucho más justo.


Seguramente la próxima gran reforma que nos vendrá impuesta por Europa, por los mercados e incluso por el sentido común, será la reforma laboral. Y será dura y conflictiva, pero es necesaria vista la situación terrible del mercado laboral en España. Y es aquí donde los vectores convergen. Necesitamos mayor flexibilidad en el ámbito público y en el privado, no para que haya menos trabajo, si no para que haya más, con modelos de flexiseguridad u otras fórmulas eficientes. Y en esta reforma el sector público no debería quedar al margen. ¿Para excluir a más gente y generar más paro? No. Simplemente para generar eficiencia en lo público y en lo privado. La competitividad no se consigue con discursos, sino con compromiso, esfuerzo e inteligencia. El sector público debe premiar a los que se esfuerzan y excluir a los que se emboscan en él, el sector público debe captar el mejor talento y pagarlo a precios de mercado. La alternativa es un sector público que envejece, que es poco atractivo, que se orientará al escalafón y se alejará de la competitividad.

Puedo entender las razones que justifican la medida que se ha tomado ahora, pero es una senda que de mantenerse, será muy injusta con esa parte competitiva del sector público que realmente aporta la mayor parte del valor social. No nos equivoquemos, es mejor sacar a los que no trabajan que penalizar a los que aguantan la dignidad y eficiencia del sector público.


No podemos hablar todo el día de talento y gestionar en dirección contraria.


(La imagen es de Lorenzetti otra vez)

3 comentaris:

22 de maig, 2010 17:40
Josep M Cunill ha dit...

Perquè tinc el convenciment que es tornarà a aplicar el “café para todos”?
Perquè diuen que és el més just i jo ho trobo tant injust?
Perquè els polítics ho veuen diferent?
Perquè em fa tanta ràbia que els meus impostos s’utilitzin per pagar tant ineficientment?

24 de maig, 2010 17:18
Ignasi ha dit...

Xavier, tornem a coincidir! És injust aplicar una mesura igual per a tots els treballadors de l'administració, com a tot arreu n'hi ha d'eficients i d'ineficients, de motivats i d'espavilats escalfa-cadira...
Quan hi treballava, vaig comprovar personalment que el que més desmotiva un treballador que vol fer-ho bé a l'administració és veure que al costat té una "poma podrida" que sense fer més cobra el mateix (i a vegades entorpint la feina dels altres!), i arribes a pensar si tu els "tonto" que vol innovar en el lloc de feina, que t'agrada fer la feina ben feta quan no cal,... i corres el risc de "podrir-te" per contagi...
I mesures com aquesta, que tracta tothom igual, reforça aquest discurs que "no val la pena matar-s'hi", perquè total...
Vinga a fer convocatòries públiques per fer més competitives les empreses i tal i qual, i l'administració serà la única gran empresa (la més gran de Catalunya?) que no aplica eines d'eficiència i eficàcia en el lloc de treball...
Què trist...

Jo crec que tots els que opinen de l'administració en termes pejoratius no hi han traballat mai o tenen algun dels espavilats com a referent, jo quan hi he estat m'he fet un fart de treballar... va a persones i caràcters, no és qüestió de públic o privat (sempre que s'evitin i es puguin fer fora les pomes podrides!)

29 de maig, 2010 17:48
eulalia ha dit...

Crec formar part d'aquesta franja de professionals que s'han mogut en el sector public que podriem aportar molt al sector privat i que a més fa temps que desitjarien fer-hi el salt. Però crec que no interessem gaire a aquest món privat, si no és per dur una cartera plena de "contactes" amb l'administració.