08 de setembre 2011

del lado fácil del management



En general, la gente lo que queremos al trabajar es que nos den autonomía (nos dejen organizar nuestros ámbitos), crecer profesionalmente gracias a esa sensación de aprender que nos motiva y hacer cosas que tengan un sentido.
Si bien es cierto que en las organizaciones hay mucha gente de los que los americanos llaman “9-til-5ers” (nosotros diríamos los de cultura de 8 a 3), no lo es menos que hay gente que se empeña en disfrutar en el trabajo y se compromete en conseguir objetivos. 

¿qué necesitan para ello?

1.     Sensatez: entornos capaces de digerir las normas sin que las cosas pierdan sentido,  equipos que se comunican, gente en general que no milita en la tontería continua e incluso es capaz de ponerse en lugar de los demás.
2.     Liderazgo: la fluidez que confiere participar de lógicas alineadas a una visión compartida. Seguir a líderes que se aplican el cuento de lo que dicen y de lo que callan, líderes de los que nadie duda de su compromiso y su entrega.
3.     Capacidad de iniciativa.  Poder emprender, es decir poder arriesgar e innovar en medio de una cultura que valora más el hecho de emprender que el hecho de no fracasar.
4.     Meritocracia. Comprobar que se valora prioritariamente el mérito de las personas en su progresión profesional por encima de otros factores. Sin gestión de mérito, no hay gestión de talento.
5.     No hacer un drama de cada cambio. Entender el cambio como algo que forma parte de nuestro trabajo. Saber sazonar nuestras competencias con una buena combinación de ilusión y resiliencia en función de cómo vamos transitando por unos cambios que nunca son los últimos.

Evidentemente,  también una retribución ajustada a mercado. Las empresas que van bien y que innovan son aquellas en las que unas pocas y sencillas reglas se hacen escenario natural de gente que trabaja con sentido.

Me gusta pensar que las empresas sensatas que procuran que su gente encuentre sentido a las cosas, van a ir mejor, es decir, serán más sostenibles.

A veces, hacemos de la gestión algo muy barroco, pero las cosas básicas no lo son, se explican de modo entendedor. Lo aprendimos de Drucker.

(la imagen es de XM , col·lecció Pisa)