13 d’octubre 2011

Innovar también en política




¿es posible innovar en política, más allá del escaparate? Creo que lo es y que, además, es muy necesario. En este blog hablamos de innovación y no de política. Pero por un día permitidme cruzar estos mundos. A mi entender la innovación en política es fundamental para devolverle la mínima reputación necesaria para su función social. Las sociedades sin gobernanza de calidad tropiezan una y otra vez.

Se me ocurren algunos ámbitos dónde innovar  en política con una cierta urgencia:

Talento. Los partidos políticos deben ser capaces de generar dinámicas internas de selección de talento como las que se exigen las entidades científicas, empresariales o deportivas. Talento es aportar por encima de la media y demostrarlo con resultados. La gestión del talento es la gestión del mérito y por mérito debe entenderse algo más que calentar sillas en reuniones de partido o que aplaudir al aparato. Gestionar el talento en los partidos (y por extensión a las administraciones) sería una gran innovación.

Retribución. La política requiere talento, la gente con talento normalmente puede escoger más opciones en su vida profesional y eso los hace más caros que la media.  La retribución no debería ser un factor de exclusión, y digan lo que digan muchos cargos políticos de responsabilidad están mal pagados para gente de talento que puede acceder a un mercado profesional abierto. Por ejemplo, ¿Por qué no retribuir a los políticos por lo que ha sido una media de retribución de sus últimos cinco años laborales, con un tope superior razonable? ¿No sería mejor que la gente votara a los políticos sabiendo qué sueldo tendrán legítimamente y que expectativas de precio/calidad se pueden generar?

Representación /ejecución.  La política necesita reingeniería de procesos. En el actual mundo de Internet y del cloud computing tiene poco sentido replicar estructuras de ejecución por cada escala de representación, es insostenible y a veces hasta ridículo. La administración tiene un exceso de escalas territoriales, muy a menudo superpuestas. Necesita adelgazar, pero no en representación política, si no en instrumentos de ejecución que deben ser a su vez más profesionales que extensiones políticas.

Liderazgo responsable. Los políticos si solamente sirven para administrar el sí, o son demagogos o muy mediocres, o ambas cosas. Necesitamos políticos talentosos  que sepan hacer pedagogía del no y que apuesten por aplicarse la innovación y no simplemente por recetarla a los demás. Apostar por la innovación comporta aceptar un margen de riesgo, pero los liderazgos responsables saben que no hay innovación sin riesgo pero que el mayor riesgo es no innovar. No se puede generar valor público significativo sin innovar.

Accountability. Los sistemas de rendición de cuentas se pueden personalizar a cada político de modo que el sistema de presiones e incentivos puede tener nombres y apellidos. La relación entre representantes y representados puede ser otra desde redes sociales que, más que llenarse de insultos y descalificaciones anónimas, se llenen de propuestas y argumentaciones sólidas.

(la imagen es de A. Vivarini)

1 comentari:

17 d’octubre, 2011 09:21
Anònim ha dit...

Primer hem se ser capaços de fer veure a la classe política que aquesta reingeniería s'ha de fer. Sense transparència no hi ha confiança, i ara és el que més necessitem tants uns com altres.

Valeri