22 de desembre 2011

La política de ayudas a las empresas




Las ayudas a las empresas, en forma de compra (mejor opción), de subvención (buena opción si son multiplicadoras/ aceleradoras y mala opción si son narcotizantes) o de crédito (complementarias al mercado financiero) son una parte del contexto de la empresa. Creemos que estas ayudas no pertenecen al core business ni deben fundamentar la acción de la empresa (ver post anterior) si no a su contexto. En cualquier caso, los gobiernos  deben saber que los contextos no son baladíes y que influyen, especialmente cuando se trata de la toma de decisiones estratégicas.  Por tanto, si los gobiernos son muy disonantes con las ayudas que prestan a sus empresas respecto a sus competidores territoriales (y hoy la globalización puede hacer que una empresa que tiene su I+D en Barcelona se plantee ponerlo en Singapur o viceversa) alteran el contexto competitivo de sus empresas. Una política de ayudas de riego por aspersión (poco para muchos) no es ni efectiva ni diferencial. Pero una política de ayudas muy selectiva, muy estratégica y muy significativa en términos de aceleración sí que puede ser diferencial y los gobiernos deben saber que suprimir las políticas de ayudas  estratégicas  a la innovación puede ser devastador en pocos años. Insisto no me refiero a las ayudas menores, me refiero a las ayudas estratégicas. Es cierto que estas ayudas no son el único factor del contexto empresarial, el conjunto de externalidades territoriales, el ecosistema de innovación y la disposición de talento son otros vectores clave del contexto, pero son una parte importante del mismo.
Cuando un gobierno renuncia persistentemente a las ayudas a las empresas de modo que se sitúa muy lejos de lo que otros territorios con externalidades similares ofrecen, altera el contexto competitivo porque sus empresas dejan de disponer de las palancas de aceleración innovadora que otros empresas de otros territorios tienen. En un mundo global, hay que saber ajustar los mecanismos locales. Los gobiernos deben estimular a sus empresas a la competencia global y, por coherencia, no deben dificultar esta competencia global situándose a las antípodas en ayudas a la innovación y crecimiento empresarial de lo que hacen territorios con los que quieren competir. Los gobiernos que no entienden esto se olvidan además que las empresas son uno de los principales vertebradores sociales que existen y una parte imprescindible para la sostenibilidad fiscal de los territorios.  Degradar el contexto de la competitividad empresarial es una pésima inversión de futuro. 

(la imagen pertenece a una obra de autor desconocido de origen francés expuesta en la National Gallery)