21 de gener 2012

Liderazgo y autenticidad



Las organizaciones viven y perduran por su autenticidad. La crisis que vivimos tiene como origen un fallo general de autenticidad. Especular sobre la especulación es una espiral perversa. Las empresas necesitan la autenticidad para desarrollarse. Necesitan servicios o productos reales que sus clientes perciban como genuinos, diferentes, atractivos. Necesitan innovar y no solamente decir que están a favor de la innovación. Las empresas viven de vender, hacer y cobrar.  Todo ello de verdad.  No hay empresas que se aguanten con clientes imaginarios o tesorería imaginaria.

Un de los vectores de autenticidad más evidente es el del liderazgo. Los líderes son personas que tienen seguidores por la lógica que transmiten no porqué impongan tenerlos.  Esta lógica se basa en su capacidad de aportar visión a la organización, de generar sinergias entre personas y equipos y de dar ejemplo. Un líder que predique una cosa y haga otra, por bien que hable, tiene un déficit de autenticidad que le disminuye. Los liderazgos frívolos que solamente se preocupan por las repercusiones superficiales acaban contagiados de esa misma superficialidad. Los líderes dubitativos hasta la exasperación no confieren seguridad a sus colaboradores y todo en la organización se vuelve sinuoso y exasperadamente lento. Cuando no hay liderazgo las cosas se empantanan y cualquier cambio es una proeza. No hay criterio en el que inspirarse. Por el contrario, los líderes que arriesgan y asumen la responsabilidad de sus decisiones confieren swing a sus organizaciones, permiten una trama de confianza que hace que las cosas pasen.

Las organizaciones necesitan vivir en la autenticidad de las cosas que importan porque tienen un sentido. Los líderes son los primeros responsables de conferir este sentido. Sin visión, sin sentido, es más fácil la desmotivación. Una de las principales funciones de los líderes es no desmotivar. La gente debe venir motivada de casa y encontrar en los líderes razones que su despliegue profesional y el despliegue corporativo, no solamente no aparezcan contradictorios sino que se constaten simbióticos.  Las personas mantienen la motivación con líderes que les reconocen sus esfuerzos y avances, y especialmente mantienen la motivación de trabajar con gente de la que aprenden. Para que la gente aprenda de los líderes estos deben mantener la humildad y la disciplina de aprender y de desaprender. Liderar es servir. Los líderes de los que se aprende son auténticos, porqué son respetados. Los líderes de los que se aprende son gente que hace sentir a los demás que están creciendo, que no pierden el tiempo, que forman parte de una comunidad de compromiso y esfuerzo que vale la pena.

(la mirada es de una obra atribuída al taller de Van der Weyden)
(article publicat a Diari de Terrassa 21.1.12)

1 comentari:

23 de gener, 2012 11:20
Jaume Fortuny ha dit...

Xavier,

Interesante post. Si me lo permites, me gustaría complementarlo con una idea subyacente en el texto.

Liderar es servir, pero también sentir. No se puede transmitir la visión ni se puede hacer crecer a los demás sin pasión por lo que se hace.

La inexistencia de una verdadera pasión por el motivo de ser de las organizaciones, es lo que hace frívolos los liderazgos.