03 de març 2012

La agenda como espejo



Nuestra agenda es nuestro espejo profesional. Es lo que expresa esfuerzos y perezas que nunca anotamos. Lo que muestra nuestra autonomía o nuestra dependencia real. Evidencia los límites de la conciliación con otras vidas que también nos esforzamos por vivir. La agenda es un espejo que habla de nosotros, de lo que sabemos hacer y del que nos hace tropezar reiteradamente.

En el fondo del espejo hay el tiempo perdido, es un tiempo profundo que no ha sido palanca de nada significativo. Es el tiempo de las reuniones inútiles en las  que no se decide nada. Las horas de los viajes innecesarios. Encontramos el tiempo improductivo de las burocracias mal resueltas o el tiempo infructuoso de la descoordinación.  Este tiempo tedioso de las empresas que no tienen liderazgo y en las que cualquier cosa cuesta mucho. Está el tiempo que nos roban los pesados, que son gente que se ha especializado en abusar del tiempo de los demás. Están los que usan básicamente su tiempo para quejarse. El tiempo perdido en las clases dónde solo enseñan y no se aprende nada. Los ratos con libros de trabajo que presentan una ratio de palabras por idea, absolutamente injustificable. El tiempo de las conferencias excesivas cuando todo el mundo quiere irse pero hay un secuestro tácito que bloquea a la audiencia y la encadena a los asientos.

Entre citas y reuniones hay también el tiempo ganado. Cualquier tiempo en el que hayamos aprendido es un tiempo ganado. También el de las decisiones, más allá de los resultados. El tiempo arañado en cualquier esquina de agenda que sirve para escribir y pensar. El de los buenos tratos donde miramos que todos ganen. El tiempo del reconocimiento a los que trabajan con nosotros es un tiempo imprescindible que tendríamos que anotar espontáneamente en los márgenes y subrayarlo. El ejercicio del liderazgo que busca la fluidez y la flexibilidad es imprescindible para lubricar las organizaciones y conferir un tempo profesional y corporativo lleno de sentido. El ritmo del negocio: el vender, el producir, el cobrar, el volvamos a empezar. El tiempo del “¡brillo-brillo!”

Nuestra agenda somos nosotros. Nuestras agendas son nuestra trayectoria. Nuestras agendas son nuestro relato. La agenda nos marca las inercias y las pequeñas ortodoxias. Nos recuerda fracasos de los que fuimos aprendiendo y errores de los que no aprendimos. También los momentos de plenitud compartidos con los equipos.

Escucho un magnifico Rector argentino en una reunión decir “se puede perder dinero, lo que no se puede perder es tiempo”. Dinero se puede encontrar más, pero  tiempo,  no. Efectivamente, las agendas son un espejo pero no son una hucha.

(la imagen pertenece a una obra de Aelbert Cuyp)

1 comentari:

04 de març, 2012 08:22
miguel carrion ha dit...

Excelente reflexión. Me ayuda a entender que el tiempo empleado en decidir su empleo es el más rentable. Qué el tiempo es la “materia prima” sobre la que se moldea la vida profesional y consecuentemente la individual. Qué evitar a los ladrones de tiempo es determinante en estos momentos de que hay que hacer mucho para recoger solo un poco. Gracias Xavier por este post. Hoy me ha oxigenado ante decisiones del break-even de tempo en proyectos 2012.