23 de juny 2012

A veces, cruzas una puerta




A veces cruzas una puerta conocida y el que te recibe es alguien que no sabe de ti, para el que eres un extraño más. Te gustaría explicarle que, quizás, habías estado en su lugar resolviendo los mismos quehaceres cotidianos o que habías tenido aquella organización en la cabeza y habías tomado decisiones que quizás él, sin saberlo, ha encontrado como herencia. Pero la prudencia nos frena y como máximo hacemos algún comentario periférico. La distancia amable con la que te reciben es un espejo del tiempo, un reflejo de trayectorias y de cambios.

A veces cruzas una puerta y te encuentras con la complicidad que esperas. Agradeces substanciar la nostalgia en unos minutos de cordial ”revival”. En pocos segundos se actualizan las trayectorias, se comprimen las continuidades y las discontinuidades y se mezclan las categorías con los detalles de los cambios y de las inercias.

En algunos casos, percibes rápidamente como la inercia ganó la batalla, y si alterar ni un ápice la cordialidad te entran ganas de volver a salir. Simplemente hay más de lo mismo pero con las patologías que el tiempo deposita en aquellos que resisten sin cambiar, firmes en el mismo puesto con los mismo principios por veinticinco años o más. Afirman diez veces en un minuto que han tenido muchas ofertas pero que su victoria es no haber aceptado ninguna. El pasado era más de lo mismo y el futuro también, pero con más ortodoxias. Y no te imaginas veinticinco años allí, sientes casi un vértigo físico solamente de imaginarlo.

En otros casos, te das cuenta que las personas quizás sean las mismas pero que los cambios son profundos. No se han movido físicamente pero se han transformado. Desprenden frescor, han sido capaces de desafiar los paradigmas y han hecho algo que tiene mucho mérito: cambiar radicalmente sin moverse del mismo sitio veinticinco años. Están en el mundo, se adaptan a las discontinuidades del entorno. El secreto es que no han dejado de aprender y parece evidente que han desaprendido con inteligencia.  Escucharles es percibir una trayectoria que quizás hubieras podido compartir, es conocer una vida que no quisiste vivir pero que constituye un relato atractivo.

A veces son otros los que cruzan nuestras puertas. ¿qué encuentran? Nos ven inerciales, nos ven innovadores, nos ven acomodados, nos ven con capacidad de esfuerzo ¿cómo nos ven? A veces alguien entra por la puerta y, sin saberlo, deviene un espejo de nuestra trayectoria.  Y en el espejo cada uno se resuelve como puede y escoge las preguntas que quiere contestarse. 

(el dibujo pertenece a una obra  de Leonardo Da Vinci)

1 comentari:

24 de juny, 2012 14:40
Anònim ha dit...

Esa reflexión es un regalo. Gracias