26 de juliol 2012

Cuando emprender es una pose




Emprender es un verbo que conjuga bien. Ser emprendedor es “cool”. Hablar de emprendimiento es casi una obligación en cualquier discurso político.  Y la verdad es que se crean empresas, aunque la mayoría no crecen. Entre estos emprendedores hay algunos que tienen una “pose” especial. Por el hecho de ser jóvenes y tener una idea creen que los demás tienen obligación de invertir en ella. Y se equivocan. Esto no va así. Pueden adoptar el papel de víctimas que quieran, pero la realidad es algo más contundente, y si quieren comprobarlo que vayan a Silicon Valley, la meca del “entrepreneurship”. Allí aprendí que la forma de ayudar a los emprendedores es a través críticas severísimas que los hacen crecer y mejorar. 

Emprender no es un ejercicio de arrogancia, si no de seducción. Los que no son capaces de seducir a “fools, friends and family” o  los profesionales de la inversión de riesgo “Venture Capital " es probable que tampoco acaben seduciendo a sus futuros clientes.  Emprender es un ejercicio de esfuerzo en el que el riesgo va por delante de la retribución. En el que mejor no ponerse a contar horas y mejor pagar con ilusión y adrenalina las primeras dedicaciones.  Emprender es un ejercicio de compromiso, primero, con el valor que se quiere ofrecer a los futuros clientes, segundo, con los que han creído en la oportunidad y han invertido y en tercer lugar, con uno mismo. Emprender es una forma de liderar oportunidades en equipo. Es compartir con los demás un proyecto en el que cada uno acepta humildemente aquello en el que el otro es mejor. Es construir un puzzle alrededor de una idea que crece y se transforma, a veces sinuosamente, en algo que en lo que tienen que creer algunos inversores y en algo que tiene que generar utilidad o emoción para los clientes.

Emprender es una de las salidas a la crisis con más dosis de responsabilidad social. Me paso el día entre emprendedores. Algunos no son jóvenes, otros sí. Pero creo especialmente en aquellos que arriesgan significativamente algo de su parte, creo en los que traspiran capacidad de aprender, en los que son tenaces en su idea pero flexibles en los contornos de mejora. Creo en los que han fracasado, saben porqué y vuelven a la carga con más ganas que nunca.  Y no creo en los que no ponen nada de su bolsillo, en los que lo  entienden como un trabajo en el que otros tienen la obligación de invertir y ellos la opción de triunfar. No creo en los que, desde la arrogancia absurda del que nunca ha demostrado nada,  adoptan una pose de incomprensión que es mucho más cómoda que una autocrítica severa del porqué no convencemos a los demás.

Para emprender: grandes dosis de humildad, de compromiso esforzado y de capacidad de aprender. Estos son los emprendedores en los que creo y los que seducen.  Por suerte, los demás, los que hacen del emprendimiento una “pose”, son minoría. Al menos son minoría en mi entorno. 

(la imagen, este juego de manos, pertenece a una obra de Bellini)