14 de juliol 2013

Innovación y emprendimiento: aplicarnos el cuento personalmente




Si todos los que hablan de innovación y emprendimiento se aplicaran el cuento seguro que nuestras organizaciones serían mucho más competitivas y nuestro mundo sería mejor. Pero entre las palabras y la acción hay un gap que se agranda cuando hay una gran inflación de discurso como es el caso que nos ocupa. En tres años o antes, el soufflé de la innovación y el emprendimiento habrá bajado y entonces, dado que la necesidad será la misma que hoy, solamente permanecerán los resultados, el esfuerzo y la convicción de que, más allá de las modas, este es un camino duro pero ilusionante, de estar en las organizaciones y en la sociedad.  Se irá el humo quedarán las trayectorias y los resultados.

Mientras tanto, estaría bien que todos aquellos que hablamos de innovación y emprendimiento nos aplicáramos la medicina que recetamos:

1. Creer que las ideas son una commodity.  Las nuestras también. Lo importante no es tener ideas si no capacidad para concretar aquellas que son realmente una oportunidad.

2. El tener experiencias de riesgo innovador/emprendedor. Los que hablamos de esto tenemos más legitimidad si hemos invertido tiempo y dinero en proyectos de los que hemos aprendido. Hablar de la poética del fracaso tiene otro tono si uno lo ha probado, lo digo por experiencia.

3. La apertura mental. También para con aquellos que ven con una perspectiva distinta a la nuestra la innovación y el emprendimiento. No construir ortodoxias entorno a la innovación parece sensato, así como el mantener una cierta capacidad de reírnos de nosotros mismos.

4. Innovar en innovación. Demostrar cada día a nuestros clientes y a nosotros mismos que no solamente hablamos de innovación si no que cuestionamos nuestras metodologías y herramientas para crear nuevas soluciones que aporten más valor.

5. Compartir lo que aprendemos. Si nos creemos lo de la innovación abierta no podemos ser cerrados ni tener miedo a compartir lo que aprendemos, además, es la mejor forma para no estancarse, para no instalarse en zonas de confort.

6. La orientación a resultados. Esforzarnos en diferenciarnos de los que hablan de innovación y emprendimiento desde los discursos escritos o tomados de otros, con una casi obsesiva alerta que la innovación y el emprendimiento carecen de sentido si no impactan en resultados tangibles. Huir de los aduladores de la innovación y el emprendimiento que son incapaces de arriesgar nada de su bolsillo o de sus posiciones en las organizaciones.

7. Co –crear la innovación con los clientes. Huir de recetas y del cortar y pegar. Pensar con el cliente. Pivotear cuando haga falta. Aprender. Humildad. Cada cliente es distinto y merece experiencias únicas para dar resultados que se ajusten a su cultura y su estrategia.

8. El ser creativos. Atrevernos a desafiar la conexión de puntos que no era obvio conectar y arriesgar a que no funcione. No ser meros espectadores de cómo innovan o emprenden los demás para corregirlos. Proponer ideas locas (aquellas que nos da vergüenza expresar) para forzar una cierta radicalidad que nos saque de lo esperable e inercial, del confort de lo razonable y previsible.

9. Tener foco. Marear la perdiz lo suficiente, no más. Ayudar y ayudarnos a centrar el foco de la innovación es vincularla mejor a la estrategia, a dónde nuestros clientes o nosotros mismos queremos estar en el futuro que construimos.

10. La obsolescencia programada. Deberíamos pensar en qué vendrá más allá de la innovación y el emprendimiento para aplicarnos lo mismo que fácilmente recetaríamos a un cliente. La innovación y el emprendimiento con ser grandes palancas de desarrollo no son el fin de la historia. 

(la imagen pertenece a una obra de Giovanni Bellini)